
¡No desesperes!
siempre hay una salida
a. No congeles, este momento pasará.
Siempre hay una alternativa, respira, escucha consejos sabios y la salida llegará. No te dejes abrumar, vive un día a la vez, empieza con pequeños pasos que ya tienes en claro, luego vendrá luz para los siguientes pasos.
b. Comunícate y únete más a tu familia.
Buscar un círculo que te sostenga emocionalmente es muy importante mientras pasa la tormenta. No estás diseñado para vivir esta vida solo, nadie dijo que tengas que afrontar cada desafío por ti mismo, déjate mimar y abrazar de los que te aman.
c. Reconoce que necesitas ayuda y busca consejo de amigos maduros.
No es fácil reconocer que no podemos siempre con todo, o que hemos hecho algo que no ha salido bien. Reconocer que alguien puede ayudarte o aconsejarte es una muestra valiosa de humildad. Seguramente ya tienes a alguien en mente que sabes que no dirá despropósitos, sino que podrá con conocimiento y sabiduría ayudarte a recuperar. ¡Búscalo!
d. Rechaza todo pensamiento de desesperanza y falta de fe.
Puede ser muy fácil aceptar ideas que llegan a nuestra mente que atacan nuestra visión optimista acerca del futuro o de nosotros mismos. Debes detectarlas, reconocerlas y rechazarlas; no debes permitir que se conviertan luego en ansiedad o depresión.